Presenciaron la caída del edificio anexo en una calle del barrio de Esteiro que lleva décadas amenazada por las casas en ruina. «Estaba enseñando la grieta al arquitecto que se supone que iba a comenzar la rehabilitación»
28 feb 2024 . Actualizado a las 16:33 h.
Víctor Castrillón reside con su familia en el edificio contiguo al que se desplomó la tarde de este martes en el barrio de Esteiro de Ferrol: el número 37 de la calle Carlos III. Presenció la caída de una mole formada por hormigón, ventanas y ladrillos, porque estaba enseñándole una nueva grieta de la casa al arquitecto al que le habían encargado los trabajos, precisamente en esta vivienda. «Nos salvamos por segundos, estábamos justo enfrente y se nos vino encima», explica un residente que pasó la noche, junto a su hijo, su madre y su esposa en la casa de otro hijo.
No saben cuándo van a volver a su hogar y mucho menos si van a recuperar sus pertenencias pronto. Este miércoles por la tarde está previsto que una empresa especializada en demoliciones complejas derribe la estructura que quedó en pie y retire los escombros. Los Bomberos de Ferrol han sobrevolado la zona con drones, y llegará maquinaria especial desde Lugo. No es una tarea sencilla. Peligra la casa de los residentes desalojados, que sufrían desde hace tiempo daños en forma de grietas ya por el mal estado de la medianera, entre otros elementos. En esta calle, protegida porque forma parte de las zonas históricas de la urbe naval, los inmuebles se caen formando un efecto dominó desde hace décadas.
A la izquierda, la grieta fotografiada poco antes del desplome de la casa por los vecinos y el técnico que presenciaron el derrumbe; la derecha, la casa ya en escombros JOSE PARDO
La concejala de Urbanismo, Blanca González, recordaba al pie de la ruina que desde el mes de junio ya han abierto diez expedientes en el barrio de otros tantos casos similares en los que actuarán de forma subsidiaria si los propietarios siguen sin realizar las tareas de conservación necesarias. En toda la ciudad el dato se va a los 50. «En algunos casos hemos tenido que pedir órdenes judiciales para entrar a inspeccionar las viviendas, porque no se podía localizar a los dueños», precisaba la edil popular, que pasó la jornada con los vecinos ante la vivienda. Curiosamente otra concejala de la corporación, la socialista Ana Lamas, estuvo unas horas por la zona porque es arquitecta (al igual que González) y fue la encargada de realizar la ultima rehabilitación en el edificio de Víctor, que se quedó al borde del derrumbe, y que ha tenido que ser desalojado.
«Hace unos cuatro años nos gastamos 70.000 euros y lo dejamos nuevo, pero mira ahora la grieta que ya tiene en el piso de arriba», señalaba este propietario. Esa grieta amenaza la casa de la última planta, recién rehabilitada también: «El dueño está fuera y tiene toda su vida dentro, dice incluso hay electrodomésticos recién comprados dentro», precisaba un familiar, que no pudo acceder a rescatar ninguna pertenencia. El segundo piso lo acaba de comprar una pareja joven con intención de rehabilitarlo, pero corren el peligro de perder buena parte de la inversión o de que la obra no pueda empezar en muchos meses. «El año pasado, tras el último derrumbe, pasaron meses hasta que se pudo estar en la calle, vivíamos en una calle cortada», explica Noa López tras regresar de su empleo en el hospital y adentrarse entre los escombros hacia su portal, que está justo delante del último desastre.
«Todo comenzó hace 35 años, cuando se cayó la primera, desde entonces vivimos en la picota», cuenta un hombre señalando el solar de la casa que se desplomó hace un año, el número anterior a la terminó cayendo este martes. Por el otro lado hay otra casa con expediente de derribo y que tendrá que ser demolida en breve. El arquitecto municipal que firmó los informes aseguraba la mañana de este miércoles ante ella que los trámites que le incumben están completados desde hace un mes. Y desde hace muchos más meses los requerimientos para que se realicen las obras en la última vivienda caída.
Tanto desde el departamento de Urbanismo, como los propios vecinos conocen bien al hombre que compró la casa, porque es un barcelonés que se ha ido haciendo con una cartera de edificios en el mismo barrio con el mismo perfil: todos con grandes deficiencias. «Los compra y nos dice que va a crear apartamentos para estudiantes, pero después no hace nada, solo esperar a que se caigan», denunciaba una afectada.
Otra mujer mayor que reside en las inmediaciones asegura que ella lo tiene como nuevo convecino y hace todo los posible porque la casa se hunda: «Antes vivíamos tres familiares y no había problema; desde que llegó él se niega a todo, me entra agua, no se ocupa de nada y no paga ni la luz de la escalera».
La gran preocupación de los residentes es que, como ya sucedió tras otros derrumbes en los que tuvieron que dejar la casa, que aparezcan okupas. «En la vivienda que tiene un expediente ruina ya entraron varias veces», lamentan. Y mirando hacia su edificio pronuncian una sentencia que esperan que no se cumplan: «Nuestra casa ya voló».