Pilar Delegado, Eduardo López, Flora Báez y Juan Carlos Martínez, estudiantes del centro de educación para adultos Eduardo Pondal (A Coruña) ANGEL MANSO
En Galicia hay 6.300 adultos estudiando de primaria a bachillerato
04 nov 2023 . Actualizado a las 12:19 h.
La vida ofrece a veces una segunda oportunidad y hay gente con el arrojo y la voluntad que se necesita para aprovecharla. Es el caso de Pilar, Flora, Eduardo y Juan Carlos, estudiantes de los tres niveles de las enseñanzas regladas (primaria, ESO y bachillerato) que se ofrecen en el centro público de educación de adultos (EPA o Epapu) Eduardo Pondal, en A Coruña. Como ellos hay 6.300 personas adultas en Galicia que sacan tiempo para terminar de formarse a pesar del tiempo transcurrido desde que abandonaron la escuela, las obligaciones familiares o el trabajo.
Las EPA son tren educativo de última hora al que engancharse. «La gente no nos conoce —dice Ángeles Rozas, directora del centro— y somos muy útiles por dos motivos: es educación pública, así que todo es gratuito, y ofrecemos una enorme flexibilidad». Eso quiere decir que un alumno puede empezar en el ciclo primero de primaria y en dos días pasar al segundo, por ejemplo. Eso le ocurrió a Pilar Delgado, argentina de 20 años que apenas lleva cuatro meses en España: «En Argentina dejé los estudios y aquí los he querido retomar. Me hicieron una evaluación inicial para saber qué nivel me correspondía y empecé en el uno de primaria [la educación básica inicial, EBI, tiene dos niveles] pero a los dos días de clase me pasaron al nivel dos porque vieron que me venía mejor». Rozas detalla: «A los alumnos sin título les hacemos una evaluación inicial para saber dónde estarán bien ubicados, pero no deja de ser un examen puntual, que puede salir mal. Por eso si en clase vemos que el alumno puede ir más avanzado, lo pasamos. Nuestro objetivo es siempre que los estudiantes aprendan y titulen, que se sientan cómodos y no abandonen».
Pilar Delgado, 20 años, estudiante de educación básica inicial en la EPA Eduardo Pondal (A Coruña) ANGEL MANSO
Incluso pueden pasar de ESO [para adultos se llama ESA, educación secundaria de adultos] a bachillerato en medio del curso. Es lo que le sucedió a Eduardo López. El suyo es un ejemplo paradigmático de cómo funciona la EPA. Primero, cómo llegó al centro: «Yo me he dedicado a la construcción y como sé de obra quise aprender sobre paneles solares, que creo que tiene mucho futuro. Fui a un curso del INEM pero no me cogieron porque necesitaba la ESO, y yo solo tenía la EGB; pensaba que era lo mismo, pero no. Y en el INEM me explicaron que existía este recurso». Segundo, cómo ha sido su avance: Eduardo se presentó y comenzó en el segundo cuatrimestre, después de Navidad —«aquí el alumnado viene durante todo el curso», apunta Rozas— y lo integraron en el tercer nivel de la ESA, pero enseguida vieron que tenía potencial y en menos de un año pasó a bachillerato. Ahora cursa segundo. Un salto enorme: «No es lo mismo la ESA que el bachillerato —reconoce Eduardo— porque en secundaria tienes clase tres días a la semana, y el profesor se puede parar, pero en bachillerato la exigencia es mucho mayor porque te preparan para superar la selectividad y esto es semipresencial». En las EPA el bachillerato solo se da en este formato, semipresencial: una hora por materia y semana; el resto lo tiene que preparar el alumno en casa. La educación básica y la ESA son presenciales.
Los adultos que quieren hacer bachillerato tienen tres opciones: presencial, en los institutos regulares con clases de tarde; totalmente a distancia, para el que solo hay un centro en Galicia, el IES San Clemente, en Santiago; y semipresencial, en las EPA, de las que hay once en Galicia. Este sistema es perfecto para quien no puede disponer de tiempo para ir a clase pero necesitan explicaciones de un profesor. Como Eduardo, que ha ido sacando bien los cursos aunque le dedica «cuatro horas semanales por materia, y son diez materias». Este año tiene solo dos asignaturas de segundo: Geografía e Inglés. Ángeles Rozas apunta una de las ventajas de este sistema: «Cuando apruebas una materia, te queda aprobada para siempre, no tienes que ‘‘repetir» curso. Y no hay límite de convocatorias».
Eduardo López, estudia bachillerato en la EPA Eduardo Pondal de A Coruña ANGEL MANSO
Fernando Díaz-Castroverde, secretario de la EPA y coordinador del programa de bachillerato, señala que además de las clases, que son muy compactas, los alumnos tienen tutorías de orientación, más individualizadas, disponibles de dos a tres horas a la semana. Cada estudiante tiene sus circunstancias y así se adaptan a sus necesidades.
De esta variedad de perfiles es un ejemplo Juan Carlos Martínez. En su caso, el segundo de bachillerato lo está compaginando con una FP de grado medio de la familia de la Madeira, y lo hace porque quiere dedicarse al diseño de muebles. Con 50 años, ha trabajado toda su vida en el sector, desde que siendo joven había hecho la FP1 de delineación: «Comencé a trabajar con 17 años», recuerda. No sabe cuándo terminará la etapa porque prioriza sus clases en el CIFP de Someso, pero tampoco tiene prisa porque el primer tramo lo ha hecho muy rápido: «Me matriculé en el tercer nivel de ESA, y en septiembre hice la prueba libre para el título», en la que quedó primero de A Coruña y tercero de Galicia. De ahí pasó directamente a bachillerato y a FP de grado medio.
Juan Carlos Martínez, estudia bachillerato en la EPA Eduardo Pondal, en A Coruña ANGEL MANSO
Pero no se puede acabar este recorrido por la educación de adultos sin hablar de la ESA. Es la etapa con más inscritos (3.055 en Galicia) y donde la variedad de perfiles es más abundante. De entre todos, en la EPA Eduardo Pondal están especialmente orgullosos de Flora Báez, peruana de Cuzco que llegó a España hace 13 años sin saber leer ni escribir y apenas hablando castellano, porque su idioma materno es el quechua. Hoy está cursando tercer nivel de la ESA en los ámbitos social y de la comunicación y primero en el científico-tecnológico.
Flora Báez, estudia la ESO de adultos en la EPA Eduardo Pondal, en A Coruña ANGEL MANSO
«Siempre he soñado con estudiar. Miraba los colegios y quería ir ahí», recuerda de su dura infancia y juventud. Después tuvo niños y se quitó de la cabeza hacerlo. Pero cuando vino a España con sus hijos les pidió que preguntasen en el colegio si ella también podía estudiar. «Resulta que vivíamos enfrente de este centro», dice, asumiendo que era una señal para ella.
Flora empezó en EBI-1: «En el primer examen solo pude poner mi nombre, era lo único que sabía». A partir de ahí, sus inicios fueron muy complicados: «Entender las letras me fue muy difícil, me desesperaba, me costó mucho trabajo». Pero no se rindió. Ahora ya lo tiene claro: «Quiero sacar el título», y no hay duda de que lo conseguirá porque tiene el apoyo del profesorado —«gracias al centro y a los profesores estoy aquí porque cuando necesito ayuda la pido y me la dan»— y su voluntad —«no hay nada que me detenga para aprender una palabra más»—.
Fernando Díaz-Castroverde y Ángeles Roza, secretario y directora de la EPA Eduardo Pondal de A Coruña ANGEL MANSO
El salto vital que ha supuesto la EPA en la vida de los estudiantes es muy importante, a veces de una forma sorprendente, como Eduardo: «Yo quiero hacer una FP superior de Eficiencia Enerxética pero a veces pienso en estudiar la carrera de Filosofía. Es gracioso porque yo no quería estudiar esa asignatura porque estaba muy orgulloso de lo que pensaba, hasta que la descubrí». Otras veces ni siquiera se puede cuantificar el impacto de los estudios: «Era un animalito sin rumbo —recuerda Flora— y ahora escucho lo que dicen en clase los profesores y no me lo creo. Nunca hubiera pensado que me pudiese comunicar de esta forma». Para ella es tan importante que no duda en vincularlo a su felicidad: «Desde que conozco las letras podría decir que soy más feliz».