Imagen de archivo de una niña haciendo deberes en su casa MONICA IRAGO
Un estudio analiza datos de casi 400.000 participantes en treinta años, y las conclusiones se repiten: los padres solo deben garantizar espacio, tiempo y materiales, y apoyar emocionalmente a los hijos
20 feb 2024 . Actualizado a las 16:34 h.
El papel de las familias ante los deberes escolares es algo que está muy estudiado, y las conclusiones se repiten una y otra vez. Ahora, un nuevo estudio corrobora lo anterior, pero en este caso el valor del trabajo viene por la magnitud de la muestra: se analizaron los datos de 30 años de investigación en casi 400.000 participantes. Uno de los autores es José Carlos Núñez, catedrático de Psicología Educativa de la Universidad de Oviedo y una de las personas que más ha investigado en este campo, ya que lleva más de veinte años trabajando en esta área; en esta ocasión lo ha hecho con científicos de las universidades de Misisipi (EEUU) y Bohai (China), y del Centro de Neurociencia Cognitiva y Cerebral (Liaoning, China),
Una vez más, el trabajo indica que la implicación de la familia solo es positiva si fomenta la autonomía del alumno y sigue las indicaciones del maestro, y en cambio resulta contraproducente si se empeña en usar estrategias distintas al docente, se ciñe a controlar el tiempo o directamente asume las tareas.
José Carlos Núñez, explicó en una entrevista a Efe que la ayuda de los padres y las madres en las tareas escolares solo es relevante en primaria (6-12 años), no así en secundaria o bachillerato, y los resultados no son distintos en función de las materias: «En general, siempre se pensó que en asignaturas como Matemáticas podría ser más importante la implicación de los padres. Y no es así, en todas las materias es igual», añadió.
No se trata de que los padres no ayuden, en general, sino que lo hagan como apoyo del alumno, no para resolver la tarea.
José Carlos Núñez, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Oviedo y experto en deberes escolares José Carlos Núñez | EFE
Según destaca Núñez de la última investigación, la implicación familiar resultará positiva cuando:
1.- Se ayuda con la organización de espacios y tiempos:
- A ubicar los materiales que necesitan.
- A encontrar un lugar tranquilo para hacer las tareas.
- A llevar un registro de las tareas hechas y las que faltan por hacer.
- A establecer prioridades y planificar la tarea con anticipación para optimizar el tiempo.
- A no procrastinar.
- A eliminar potenciales distractores.
- No cargándoles con actividades extraescolares.
2.- Apoyo a la gestión de la motivación y las emociones de sus hijos:
- Mostrando actitudes que denoten interés, valía y utilidad de los deberes.
- Tratando de convencerles de que pueden hacer las tareas, incluso cuando sienten que es demasiado difícil.
- Elogiándoles por su esfuerzo y animándoles en los momentos complicados.
- Calmándoles y ayudándoles a reestablecer la motivación cuando tienen dificultades para abordarlos adecuadamente.
- Solicitándoles una implicación profunda y valorar las iniciativas personales, ya que ello facilitará la promoción de la autonomía personal y las habilidades necesarias para un aprendizaje autorregulado.
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La implicación familiar no tiene resultados positivos si solo se aporta control o solo después de resultados académicos negativos:
- Cuando la ayuda se ciñe a controlar el tiempo, la finalización…, en especial si solo se hace después de malos resultados.
- Cuando la implicación familiar consiste en hacer las tareas que los hijos no saben hacer.
- Cuando emplean procedimientos no utilizados por sus docentes.
- Cuando los hijos observan en los padres y madres actitudes negativas hacia los deberes.
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«Es incluso contraproducente cuando los padres y las madres lo único que hacen es ayudarles con los contenidos, explicarles los deberes para que los lleven hechos porque muchas veces lo que hacen es entorpecer a los profesores: ellos lo explican de una manera y las familias de otra y, al final, los hijos se enfadan porque no se aclaran».
Según la OMS, una de cada cuatro niñas españolas de 11 años, y uno de cada tres niños dicen sentirse presionados por los deberes. A los 13 años ya son más de la mitad los perjudicados y a los quince, casi tres de cada cuatro alumnos.
Otra cosa es la utilidad de los deberes en sí. Juan Carlos Núñez ha estudiado este aspecto de forma muy profunda y defiende que el profesorado debe plantear «la cantidad justa de deberes, no por poner muchos va a ser mejor; deben estar ajustados a las necesidades de los alumnos, mejor diseñados se consigue más».