Columna de Antealtares en el Museo Fogg (Harvard Art Museums). President and Fellows of Harvard College

Una investigacin en torno al devenir de las columnas romnicas que pertenecieron al monasterio de San Paio de Antealtares en Santiago da lugar a una reflexin sobre el patrimonio gallego disperso

03 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Querido Alfred, qued tan impresionado por el poder y belleza del Guernica cuando lo vi en Nueva York que dese en secreto que algn da pudiera exhibirse aqu en el Fogg. As comienza la carta que Paul Sacks, subdirector del Museo Fogg de Harvard, tambin en Estados Unidos escribi en enero de 1940 a su amigo Alfred Barr, director del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, solicitando el prstamo de la famosa obra de Picasso. Tras la cada de la Repblica, cuyo Gobierno haba encargado el lienzo para el pabelln espaol de la Exposicin Internacional de Pars de 1937, el Guernica se haba convertido en un cuadro errante obligado a deambular por ciudades y museos como testigo del drama de un pas desgarrado por la guerra civil. Afortunadamente, Sacks vio su deseo cumplido y el Guernica lleg a Harvard en octubre de 1941, donde se encontr con otros exiliados de varias guerras, con los que habra de conformar una instalacin artstica nica que pona de relieve la trgica genealoga de todos ellos y activaba su poder como testigos de las destrucciones que continuaban perpetrndose en nombre de la civilizacin.

El enorme lienzo se mont sobre unos capiteles romnicos procedentes de las ruinas de la abada borgoona de Moutiers-Saint-Jean con los que se establecan una serie de ecos temticos y estticos. Sus caras laterales estaban decoradas con microarquitecturas de formas geomtricas concatenadas mostrando casas siendo atacadas por seres diablicos desde las alturas.

Ms conmovedor todava era el encuentro del Guernica con otro vestigio de la Repblica, una de las columnas de mrmol que haban sostenido el primitivo altar del apstol Santiago, procedente del monasterio compostelano de San Paio de Antealtares, donde se custodiaba ese altar desde mediados del siglo XII. Haba llegado a Harvard en 1933 como regalo del gobierno espaol en compensacin por la devolucin de la lauda sepulcral de Alfonso Ansrez,una obra capital del arte romnico que haba salido de Espaa en 1926 en circunstancias oscuras y vendida al Fogg por el infame marchante Arthur Byne. Criterios histrico-artsticos legtimos se mezclaron con otros de ndole castizo para justificar los beneficios del intercambio. Se argumentaba que mientras que la lauda era un monumento nico en su tipologa, vinculado a un personaje importante de la corte de Alfonso VI y reflejaba un romnico autnticamente hispano, las columnas de Antealtares pertenecan a un arte de origen e influencia extranjeros, que vino a truncar y desviar el desarrollo de la escultura ms propiamente nuestra. Adems, el museo posea tres, por lo que desprenderse de una sera un mal menor.


Fases del montaje del Guernica en el Fogg con la columna de Antealtares y los capiteles romnicos. President and Fellows of Harvard College

Seguramente la visin desde Galicia fue diferente. Solo podemos imaginar la tristeza que podra haber sentido un incansable defensor del patrimonio gallego, y estudioso de estas columnas, como Xess Carro, que entonces diriga la seccin de Historia del Arte del centenarioSeminario de Estudos Galegos. Con motivo de la adquisicin de las columnas por el Estado para el Museo Arqueolgico Nacional, Carro public un artculo en el Boletn de la Academia Gallega de 1931 donde se lamentaba de que hubiesen tenido que salir de Galicia, pero consideraba que esto, al menos, haba impedido su probable enajenacin a algn comprador extranjero. Dos aos ms tarde, uno de esos preciosos piares do altar de San Payo estaba navegando hacia Boston por decisin de las autoridades de Madrid.

La primera venta de las columnas

El viaje trasatlntico y su encuentro con el Guernica en Harvard eran inslitos giros de guion en la ya azarosa odisea de estas columnas, jalonada por sorprendentes episodios de los que conservamos registro documental en el archivo del monasterio de San Paio de Antealtares. Alcanzaron notoriedad pblica al ser expuestas en la seccin arqueolgica de la Exposicin Regional Gallega de 1909, un evento crucial para la valorizacin del patrimonio de Galicia, pero tambin un escaparate para marchantes a la caza de posibles vendedores acuciados por necesidades monetarias. Este era el caso de las monjas de Antealtares que sufran constantes penurias econmicas, incapaces de mantener el ingente edificio que tenan a su cargo. As, en septiembre de ese mismo ao vendieron las columnas por 4.500 pesetas a un tal Fernando Garca Peso. Al trascender la noticia, se desat un intenso debate en torno a la conservacin del patrimonio, con reproches cruzados entre eruditos locales, autoridades eclesisticas y periodistas, instigado por artculos como el de Benito Malvrez en la Gaceta de Galicia titulado Permaneceremos insensibles?Dos aos ms tarde, el comprador decidi poner en venta de nuevo las columnas y la abadesa de Antealtares, Socorro Salgado, aprovech la ocasin para deshacer el entuerto y recuperarlas.


Exposicin Regional Gallega, 1909. Seccin Arquelgica, Colegio de San Clemente

La trama de un marchante

La situacin econmica de la comunidad benedictina continu deteriorndose en las siguientes dcadas a la vez que aumentaba el valor del arte romnico en el mercado, por lo que la idea de la venta se reactiv, recibiendo la abadesa numerosas peticiones de notorios marchantes como Leone Levi (vendedor de los famosos frescos romnicos de San Baudelio de Berlanga) y, sobre todo, el incansable anticuario palentino Arcadio Torres, que en esos momentos extendi sus tentculos a Galicia poniendo tambin su punto de mira en el conjunto de esmaltes de Limoges de la catedral de Ourense. Entre 1926 y 1929 se suceden los intercambios epistolares entre este y la abadesa Matilde Reigada, resultando en un acuerdo de compra de las columnas por 60.000 pesetas formalizado el 6 de septiembre de 1929. Para evitar el escndalo de la primera venta, la abadesa procedi a solicitar los permisos de todos los estamentos implicados, desde el cabildo de Santiago hasta la Santa Sede, y finalmente, del Estado, a travs del Gobernador Civil de A Corua. Temiendo que era muy probable que este ltimo permiso fuese denegado una vez que el expediente llegase a las autoridades de patrimonio de Madrid, Torres envi a las monjas un ultimtum, recriminndoles por haber implicado al Estado y proponiendo un plan: Que una a una las tres columnas envueltas en papel fuerte y debajo del brazo para no llamar la atencin las lleven a casa de Don Claudio [Rodrguez Garca, cannigo de la catedral de Santiago, visitador de los conventos del arzobispado y delegado del arzobispo, quien haba actuado como testigo en la firma del contrato de compraventa] y all en mi auto una maana entrando de paso se cargan, se abona su importe y se termina de una vez.

Afortunadamente las monjas no cedieron, Torres perdi la paciencia y revoc la oferta de compra despejando el camino para que, respondiendo a los llamamientos de eruditos como Xess Carro, se iniciase el proceso de adquisicin por parte del Estado que culmin con la compra de las columnas por 54.000 pesetas por Real Orden del 10 de agosto de 1930. El propio Carro fue el encargado de gestionar su envo a Madrid, que se realiz en el tren mixto nmero 247 Gran Velocidad custodiadas por la Guardia Civil el 19 de septiembre de 1930 (el embalaje y facturacin costaron 148,70 pesetas).


Expediente de compra por parte del Museo Arqueolgico Nacional.

Una visin de futuro

Comentando sobre la adquisicin por el Estado de las columnas, y la ms reciente del modio romano de Ponte Puide (O Pino), destinado tambin al Museo Arqueolgico Nacional, el redactor-jefe de La Voz de Galicia, Fernando Martnez Mors (firmando con el seudnimo Juan de Suevos) public el 18 de enero de 1931 un artculo titulado Otro documento histrico que emigra, donde se incluye una reflexin que est de candente actualidad: El Museo de Madrid se enriquece con otro valiossimo objeto ataente a nuestra historia y nuestro arte, y aqu no queda ms que el recuerdo y el testimonio de los investigadores que lo estudiaron. Seguimos sustentando la opinin de que estas adquisiciones que el Estado hace y que afectan a papeles y objetos de carcter regional o local debieran destinarse a ser guardadas en depsito por instituciones gallegas. Que, a la postre, el dinero con que se adquieren no pertenece a ciudad alguna determinada y donde deben conservase y estudiarse tales documentos y monumentos es encuadrados en el ambiente que les es propio.

Hoy, en el contexto de los complejos debates sobre la descentralizacin de las colecciones de los museos estatales y la reintegracin de obras a sus lugares de origen, las columnas de Antealtares ofrecen una solucin sencilla, que es, a la vez, deseable, posible, y beneficiosa para todas las partes: la cesin de una de ellas por parte del Museo Arqueolgico Nacional en depsito permanente al recientemente renovado Museo de Arte Sacro del Monasterio de San Paio de Antealtares. De esta forma, la odisea de las columnas terminara en la conformacin de un tringulo virtuoso en el que cada una de ellas servira de heraldo de nuestro patrimonio en lugares en los que su presencia es especialmente significativa: Santiago, Madrid y la primera universidad del mundo en la actualidad, Harvard, cuya memoria institucional est ntimamente ligada al estudio del patrimonio del Camino de Santiago, y a Galicia, desde la fundacin de su Departamento de Historia del Arte a principios del siglo XX hasta hoy. Si un da la columna compostelana se encontr all con el Guernica, no menos espectacular es su actual instalacin en el renovado Fogg diseado por Renzo Piano, donde se exhibe en compaa de otros fragmentos gloriosos del arte medieval procedentes de lugares tan insignes como la baslica de Saint-Denis, y tiene como teln de fondo las elegantes estructuras espirales del nico edificio de Le Corbusier en Amrica.


Francisco Prado-Vilar es Investigador Distinguido de la USC. Departamento de Historia del Arte-Sncrisis-CISPAC