Alijo de cocaína incautado en Vigo, en una imagen de archivo. Oscar Vázquez

La Guardia Civil adquiere ingenios que rastrean estupefacientes adheridos al casco. Uno de ellos tendrá como base el puerto de Vigo

11 ago 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

La lucha contra el narcotráfico se libra también bajo el agua. Y cada vez más. La Guardia Civil acaba de adquirir diez drones submarinos para enfrentarse al último ardid del narco para introducir droga a través de los puertos españoles: los denominados «alijos parásitos». Se trata de cargamentos de estupefacientes, generalmente cocaína, que son introducidos en cilindros metálicos que son adheridos a los cascos de las embarcaciones, siempre bajo su línea de flotación, mediante potentes imanes o con soldaduras.

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En los documentos del concurso para hacerse con estos vehículos subacuáticos operados por control remoto (conocidos por sus siglas en inglés, ROV) los expertos del instituto armado explican que la compra de estos drones se ha convertido en imprescindible después de que se haya constatado poco efectivo el uso de pértigas para tantear los cascos de los barcos o el costoso recurso de movilizar a los buzos de los Grupos Especiales de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil. El Ministerio del Interior ha invertido en este proyecto piloto 25.000 euros, provenientes en gran parte de fondos de la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF). El concurso, al que únicamente se presentaron dos firmas, fue ganado por Saborit Internacional, una empresa de Madrid especializada en la comercialización de material de seguridad.

De acuerdo con la documentación oficial, los diez drones submarinos van a ser usados por las Unidades del Servicio Fiscal de la Guardia Civil de los puertos de Valencia, Barcelona, Bilbao, Málaga, Vigo, Algeciras, Puerto de la Luz (Las Palmas), Santa Cruz de Tenerife, Alicante y Santander. Precisamente dos de estos puertos, los de Algeciras y Valencia, son catalogados desde hace años por diferentes organismos internacionales entre los cinco de Europa en los que más cocaína se incauta.


100 metros de profundidad

Estos sumergibles, que entrarán en servicio en noviembre, pesan menos de cinco kilos, tienen una autonomía de seis horas, alcanzan los cuatro nudos de velocidad y pueden bajar hasta los 100 metros de profundidad, por lo que no tendrán problema para rastrear las partes más profundas de los cascos de los barcos de mayor calado. Los drones estarán dotados de una cámara de alta definición y de luces para inspeccionar los cascos «en condiciones de poca luminosidad y entornos subacuáticos complicados».

Los documentos de la Guardia Civil revelan la preocupación por la proliferación del sistema de «alijos parásitos» en las últimas décadas tanto en su versión clásica, la de adherir tubos en los cascos, como en la versión denominada torpedo, en la que el alijo, dentro de un bidón, se remolca bajo el agua a gran profundidad. De hecho, la primera operación conocida en la que se incautó un «alijo parásito» data de 2005, cuando la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera interceptaron en el puerto de Carboneras (Almería) un barco de bandera chipriota que llevaba adherido al casco dos cilindros metálicos con 270 kilos de cocaína en su interior. Desde entonces las incautaciones de este tipo de alijos se han sucedido sin descanso. El pasado diciembre, en dos operaciones diferentes, la Guardia Civil descubrió en Canarias sendas toberas en dos buques con 200 y 32 kilos de cocaína.


Los «alijos parásitos» no son el único desafío submarino al que se enfrentan las fuerzas de seguridad en la lucha contra el narcotráfico. Al menos desde 2006, existe constancia del uso de embarcaciones sumergibles y semisumergibles con capacidad de cruzar el océano Atlántico para transportar droga hasta la península. Las fuerzas de seguridad españolas han recuperado cuatro de estos submarinos. También los narcos están usando drones submarinos para transportar droga. En julio del pasado año fueron incautados en Cádiz tres de estos vehículos a control remoto capaces de llevar hasta 200 kilos de estupefacientes.